Entrevista con Lorenzo Silva

Lorenzo Silva

Lorenzo Silva. Foto del blog del autor

Bevilacqua. Un apellido que aunque parece impronunciable, cualquier lector de novela negra que se precie pronuncia sin titubear. Y es que Lorenzo Silva, ganador del Premio Nadal en el 2000 con El alquimista impaciente y Premio Planeta 2012 con La marca del meridiano, ha conseguido, con la serie de novelas protagonizada por Bevilacqua (Vila para los amigos) y Chamorro, hacernos disfrutar con esta pareja de investigadores de homicidios de la Guardia Civil. Rompiendo estereotipos preconcebidos, Vila ya se ha convertido en un referente del género.

En esta entrevista Lorenzo Silva nos habla de sus personajes, de la Guardia Civil, del fin de ETA, de sus referentes literarios y sus nuevos proyectos. Todo un placer para nosotras poder contar con él.

– Cuando explicas a los no iniciados en tus novelas que la pareja protagonista es de guardias civiles, a veces causa cierta incredulidad. ¿Qué es lo que hace especiales a Vila y Chamorro?

Que son dos guardias civiles trazados sin ninguna preocupación por responder al estereotipo  existente sobre los miembros de ese cuerpo, y menos aún al prejuicio negativo o positivo que muchas personas tienen respecto de ellos. Son un hombre y una mujer de su tiempo, dos trabajadores y servidores públicos, cada uno con sus rasgos y biografía individuales, que se dedican a la investigación criminal y que tienen la cualificación, la inteligencia y la sensibilidad necesarias para llevar a cabo esa tarea. Y que no tengo reparo en mostrar que, en tanto que guardias civiles que son, poseen una virtud que está en la filosofía fundacional de ese cuerpo, aunque muchos lo ignoren y alguno la haya subvertido utilizándolo para fines espurios a lo largo de la Historia: espíritu de servicio y de sacrificio por los demás.

– Una buena amiga lectora de tus libros me pidió que te lo preguntara… ¿De dónde viene lo de  Bevilacqua?

Buscaba un apellido italiano impronunciable. Estaba una tarde de verano pensando en eso con la tele encendida al fondo. En la tele daban unos campeonatos del mundo de atletismo. De pronto, sobre la imagen de una saltadora de altura que se disponía a hacer un intento, salió un rótulo: Antonella Bevilacqua. Fue ver ese apellido y decir: lo tengo.

– Leyendo esta última novela de La marca del meridiano, hemos tenido la sensación que Vila se nos hace mayor. Más consejos, más anécdotas explicadas, incluso pensando en la jubilación. ¿Está cerca el final de Vila?

 Es que se hace mayor. Tiene tres años más que yo, y no me hago ilusiones sobre mi propia juventud. Le queda una década para jubilarse (si no se lo retrasan, cosa que tampoco es improbable, ya que no se está renovando mucho el personal de la Guardia Civil en estos años de crisis). Empieza a pensar en su final como investigador, y yo también. Por eso, quizá, le preocupa lo de dejar en condiciones el testigo a los que quedarán cuando él se vaya: Chamorro y Arnau. Sobre todo a este último, el más joven, al que toma un poco como discípulo, con una relación casi paterno-filial.

– En esta última novela el hijo de Vila es estudiante universitario, aunque no con mucha motivación. ¿Hay alguna posibilidad de relevo generacional? ¿Veremos al hijo de Vila hacer de Guardia civil?

Es una posibilidad que confieso haber contemplado en algún momento, pero no lo tengo claro. De momento, está estudiando Derecho. Licenciados (y aun doctores) en Derecho visten el uniforme de guardia civil, me consta porque los conozco. Y el panorama que aguarda a un joven español hoy día es pavoroso. Bajo el tricornio, por lo menos, no hace frío. Eso sí, si no lo hago guardia (también tendría que pasar las pruebas, y salen pocas plazas) me temo que tendré que despacharlo al extranjero. A Alemania, me imagino.

La relación entre Vila y Chamorro también ha evolucionado mucho en el tiempo. Ha pasado de la tensión sexual inicial a una relación casi paterno-filial…

Dondequiera que hay un hombre y una mujer que conviven muchas horas la tensión sexual no desaparece del todo. Pero deliberadamente no he querido abusar de esa baza, que algunos echan de menos, y que a mí acaba pareciéndome un poco facilona. Tampoco diría que la relación es paterno-filial. Más bien podría ser materno-filial, porque cuando Vila se pone malcriado es ella la que lo devuelve a la sensatez… Bromas aparte, en mi visión la relación es sobre todo de camaradería, lo que incluye un punto de ternura, que puede llegar a ser física, como pasa en este último libro en un par de ocasiones, sin ir más lejos. Me interesa más esa relación, la que existe entre dos camaradas, y más cuando los camaradas son hombre y mujer, algo que la literatura española, con la mujer relegada a un segundo plano en nuestra sociedad hasta hace bien poco, no ha tenido mucha oportunidad de contar.

– En la Marca del Meridiano aparece un tema claramente de actualidad cómo es la corrupción. ¿Crees que este tema va adquirir una mayor presencia en la novela negra en general?

La corrupción está ahí desde Chandler o Hammett. Es un gran tema, y en España además es una de las razones de nuestro atraso y nuestro hundimiento económico. Los corruptos son parásitos, y cuando además mandan, son parásitos que drenan recursos de todos para llevárselos a Suiza (con lo que nos empobrecen) y que para lograr su objetivo determinan asignaciones ineficientes de los recursos que no se llevan (con lo que nos vuelven a empobrecer). Me parece que ese crimen, que tiene tantas víctimas, merece su relato.

– Para poder escribir las novelas de Vila y Chamorro habrás tenido que documentarte sobre su organización. ¿Te han asesorado para poder escribirlas? ¿Existe una unidad cómo la Unidad Central Operativa, dónde Vila y Chamorro trabajan?

A estas alturas, tengo muchos amigos guardias civiles a los que puedo preguntar. Y les pregunto, y he de decir que desde el principio he encontrado mucha colaboración. También tienes que ganarte la confianza de la gente, para entrar en según que terrenos delicados, una confianza que implica no desvelar lo que no debe desvelarse. Pero no se me ha dado mal; tampoco he faltado jamás a esa confianza. Y sí, existe esa unidad, en Madrid. Tengo unos cuantos amigos allí (aunque no los tenía cuando me inventé a Bevilacqua).

 – ¿Crees que tus novelas han ayudado a mejorar el concepto que  mucha gente tiene sobre la Guardia Civil? Teniendo hoy en día un cuerpo de policía nacional y un cuerpo autonómico ¿crees que tiene sentido que siga existiendo?

Tengo esa sensación por la cantidad de gente que me lo dice, pero, si es así, resulta un tanto injusto. Lo que realmente da la imagen y la medida de lo que son los guardias civiles no es una novela, sino su trabajo diario y su trayectoria como servidores públicos, y ambos son bien visibles. Basta con ver quién está ahí para ayudar a la gente cuando cae una nevada que deja todas las carreteras bloqueadas, o con recordar los 210 guardias civiles muertos en la lucha contra una organización terrorista que trataba de secuestrar la voluntad de los españoles y los vascos volando hipermercados o aeropuertos. En cuanto a suprimirla en beneficio del Cuerpo Nacional de Policía o las policías autonómicas, habría que recordar que la Guardia Civil, como policía integral, es anterior, a lo mejor habría que plantearse si hacía falta crear los otros… Hablando en serio, cada cuerpo policial tiene su cultura y aporta su saber hacer, que en el caso de la Guardia Civil es importante. Sería un desperdicio desaprovecharlo.

En la novela hablas del fin de ETA, recordando la dificultad del proceso y las vidas dejadas por el camino. De hecho, muchos de nosotros hemos crecido con los recuerdos de los atentados que abrían los telediarios. ¿Crees que realmente estamos viviendo el fin del terrorismo de ETA en España?

Creo que sí, porque el grueso del propio nacionalismo vasco ha comprendido y asumido la barbarie que representa el expediente terrorista y, sobre todo, porque los cientos de miles de horas de trabajo de información realizadas por los guardias civiles les han llevado a conocer la mecánica de la organización mejor que sus propios integrantes. Nadie se engañe, esto ha sido una derrota policial. No puedes seguir manteniendo una guerra cuando te capturan al general en jefe cada mes y medio, y en eso estaba ETA, gracias a la Guardia Civil, cuando decidió parar.

 – ¿Qué valoración haces del panorama de la novela negra actual?

En el mundo, se ha convertido en un género canónico. Quién se lo iba a decir al pobre Raymond Chandler, hace 60 años, cuando se defendía como gato panza arriba de las acusaciones de practicar subliteratura, él, que es uno de los mejores prosistas en lengua inglesa del siglo XX. En España, después de décadas de inexistencia, y de unos comienzos heroicos merced al trabajo de pioneros aislados como García Pavón, Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Francisco González Ledesma o Juan Madrid, hemos entrado en una fase de normalización, que resumiría en un aumento exponencial de cantidad que también está ya generando calidad. Para demostrarlo, ahí están autores como Carlos Zanón, Domingo Villar, Mercedes Castro, Marta Sanz, Eugenio Fuentes… Y muchos más que me dejo.

– ¿Qué crees que ha de tener una buena novela negra?

Buenos personajes, intriga, verdad. Otros elementos, incluido el misterio abracadabrante ese que se ha de resolver en las últimas páginas, o el sesgo violento y sórdido que algunos imponen como requisito, incluso al protagonista, a mí me resultan mucho más prescindibles.

– Una novela como La marca del meridiano ha sido merecedora de un premio como el Planeta. A aquellos que hablan de la novela negra cómo subgénero, o género de segunda, ¿qué les dirías?

Que lean a Chandler. En inglés, si saben, porque ninguna traducción española le ha hecho justicia. Y luego hablamos.

– ¿Cuál sería para ti la novela/autor negro imprescindible?

Me temo que ya me he retratado, y por dos veces. Y la novela, El largo adiós, naturalmente.

– A final de 2012 emprendiste una nueva aventura empresarial con la creación de la editorial Playa de Ákaba. ¿Qué tipo de libros podremos ver publicados en esta editorial?

Libros arriesgados, autores nuevos, poesía, clásicos perdidos, libros para niños que no los tratan como seres retardados. Vamos, que nos especializamos en causas perdidas. Que son las que nos gustan y nos estimulan, para lo demás ya hay oferta de sobra.

– Ya sabemos que acabas de publicar, pero no podemos esperar… ¿Para cuándo tendremos próxima novela?

La primera página ya está escrita, pero ahora estoy enfrascado con un libro que no es de ficción y que saldrá este otoño. La novela, el año que viene, espero.

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